A mis amigos (a)
Quiero compartir con ustedes, mis amigos (a), compañeros y conocidos de este
camino, mis anécdotas, esas que pude escribir en los días inciertos de la
pandemia. En esos momentos, cuando el tiempo parecía detenerse, aproveché cada
espacio que se me ofreció para seguir puliendo mis relatos, para descubrirme en
cada palabra, para mejorar. Sé que no soy un narrador experimentado, pero creo
que he logrado plasmar lo que he vivido, lo que he sentido a lo largo de mi
vida. Y quizás, más que una historia, estos escritos son el reflejo de un
proceso: el mío y, quizá, el de muchos de ustedes.
Los títulos de mis relatos son fragmentos de mi vida, escritos a lo largo de
los meses de pandemia, una época que, aunque llena de incertidumbre, también
fue un espacio para la reflexión y el reencuentro conmigo mismo. En ese tiempo
de confinamiento, mis palabras fueron la forma de ordenar los recuerdos, de
entender lo que había sido y lo que podía llegar a ser. Cada uno de estos
relatos, nacidos de las sombras de esos días, está impregnado de un pedazo de
mi historia, de mis vivencias en distintos lugares, de mis experiencias en el
Ejército, de los días en que el fútbol fue mi refugio, las vivencias del
barrio, de las luchas internas y externas que me marcaron.
Creo firmemente que, como seres humanos, estamos en un constante proceso de
construcción y reconstrucción. Es un viaje que nunca termina, en el que nos
transformamos, nos replanteamos, crecemos. Y en cada uno de estos pasos, lo que
escribo es un testimonio de ese camino. No busco ser un escritor perfecto, ni
pretendo tener todas las respuestas, pero me atrevo a compartir mi experiencia,
mi voz, con la esperanza de que podamos crecer juntos, de que podamos leer y
escuchar las historias que nos conectan, aunque a veces nos lleguen en la
oscuridad, como un faro que solo se deja ver cuando la tormenta ya ha pasado.
Espero, sinceramente, que reciban estas líneas
no solo como un relato, sino como un pedazo de mi vida, y que puedan hacer una
crítica constructiva, un análisis que me ayude a seguir mejorando. Al fin y al
cabo, todo es parte de ese proceso de aprendizaje que nos define como seres
humanos, un proceso que no termina, porque siempre hay algo nuevo por
descubrir, algo más por contar.
Cada
palabra, cada frase, tiene la huella de lo vivido, de esos días que la pandemia
transformó en un espacio de introspección y reencuentro. Que estas palabras,
escritas en medio de la incertidumbre, puedan ser un puente para entendernos
mejor y para seguir creciendo juntos.
Camilo David Cienfuegos Adrianzén
Muy buena anécdota amigo David, el negro Macumba un buen amigo
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