Discurso
de despedida, en representación del sargento más caracterizado
Abril de
1985. Aquel martes fue difícil conciliar el sueño, porque al día siguiente ya
no volveríamos a tirar pichana, a formar, a ir al malacate ni a cumplir con
nuestras funciones como soldados, cabos y sargentos.
Me
propusieron quedarme y hacer carrera militar, pero ya había tomado mi decisión:
me esperaba otra vida allá afuera. Sin embargo, algo no lograba comprender.
Sentía un dolor inmenso en el corazón, como si me arrancaran una parte de mí.
Los
recuerdos asaltaron mi mente como una película en cámara lenta. En cada pausa,
mis lágrimas brotaban; era puro sentimiento. ¿Será que realmente quería
marcharme? ¿O era el amor por este lugar, por los compañeros, los suboficiales,
los oficiales que habían calado tan hondo en mi vida militar?
La
despedida y el discurso.
En la
vida militar, uno se despide con un beso a la Bandera, un gesto más profundo y
venerable que aquel fogoso beso de juventud que le entregaste entre sus pliegues.
Tu Bandera ha guardado cada beso, cada juramento, cada instante de tu vida
entregado a ella. Ahora, como símbolo de la Patria, cuando cesas en la
actividad, te la devuelve agradecida.
Y la
Patria, al que le entregó su vida, en la frente dolorida, le devuelve
agradecida el beso que recibió.
Nada
termina. Despedirse es un juramento renovado. Seguimos juntos, no hay divorcio,
sería traición, hasta que te quedes sin aliento, hasta que no te quede ni una
gota de sangre. Despedirse es renovarse y seguir siendo. Estar o no estar es
algo indiferente cuando se es. La tragedia es haber estado sin serlo. Mucho ha
debido sufrir quien, en estas circunstancias, no siendo ni sintiendo, sirvió a
su Patria. A menos que lo haya hecho como pretexto para servirse de ella.
Tu deber
fundamental te obliga al cumplimiento de los preceptos contenidos en la
Constitución. Es la ley y la exigencia de tu condición de soldado, que para
esto tampoco conoce la jubilación. Solo se trata de defender a la patria grande
de Bolognesi, su indisoluble unidad, por encima de todo.
Después
de ser, te queda la exigencia de haber sido, si es que fuiste, ejemplo para
todos.
¡Hasta la
victoria siempre!
¡Viva el Ejército Peruano!
Fuerte 5
de Julio - Corrales, abril de 1985.
No hay comentarios:
Publicar un comentario