lunes, 24 de febrero de 2025

Discurso de despedida, en representación del sargento más caracterizado

 

Discurso de despedida, en representación del sargento más caracterizado

Abril de 1985. Aquel martes fue difícil conciliar el sueño, porque al día siguiente ya no volveríamos a tirar pichana, a formar, a ir al malacate ni a cumplir con nuestras funciones como soldados, cabos y sargentos.

Me propusieron quedarme y hacer carrera militar, pero ya había tomado mi decisión: me esperaba otra vida allá afuera. Sin embargo, algo no lograba comprender. Sentía un dolor inmenso en el corazón, como si me arrancaran una parte de mí.

Los recuerdos asaltaron mi mente como una película en cámara lenta. En cada pausa, mis lágrimas brotaban; era puro sentimiento. ¿Será que realmente quería marcharme? ¿O era el amor por este lugar, por los compañeros, los suboficiales, los oficiales que habían calado tan hondo en mi vida militar?

La despedida y el discurso.

En la vida militar, uno se despide con un beso a la Bandera, un gesto más profundo y venerable que aquel fogoso beso de juventud que le entregaste entre sus pliegues. Tu Bandera ha guardado cada beso, cada juramento, cada instante de tu vida entregado a ella. Ahora, como símbolo de la Patria, cuando cesas en la actividad, te la devuelve agradecida.

Y la Patria, al que le entregó su vida, en la frente dolorida, le devuelve agradecida el beso que recibió.

Nada termina. Despedirse es un juramento renovado. Seguimos juntos, no hay divorcio, sería traición, hasta que te quedes sin aliento, hasta que no te quede ni una gota de sangre. Despedirse es renovarse y seguir siendo. Estar o no estar es algo indiferente cuando se es. La tragedia es haber estado sin serlo. Mucho ha debido sufrir quien, en estas circunstancias, no siendo ni sintiendo, sirvió a su Patria. A menos que lo haya hecho como pretexto para servirse de ella.

Tu deber fundamental te obliga al cumplimiento de los preceptos contenidos en la Constitución. Es la ley y la exigencia de tu condición de soldado, que para esto tampoco conoce la jubilación. Solo se trata de defender a la patria grande de Bolognesi, su indisoluble unidad, por encima de todo.

Después de ser, te queda la exigencia de haber sido, si es que fuiste, ejemplo para todos.

¡Hasta la victoria siempre!
¡Viva el Ejército Peruano!

Fuerte 5 de Julio - Corrales, abril de 1985.

 

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