LA TARDE FELIZ DE CIENFUEGOS
Por: Pocho Chávez
La noche ha caído con su manto negro. A penas unas cuántas
estrellitas parpadean el cielo nocturno. Repaso su historial y me sorprende,
sobre todo, su paso por el Aurich. A fines de los 80 y principios de los 90 su
nombre era bien sonado en el mapa futbolístico lambayecano. Era veloz que,
cuando picaba, parecía una gacela. Tenía una melena parecida a los rockeros de
antaño. Dialogar con él es un agasajo. Literalmente le entra de todo. Fue protagonista de un triunfo dominical una
tarde de verano en el estadio Elías Aguirre, en 1990. Y que sirvió para
conseguir el ansiado ascenso. Sacó un brutal derechazo que terminó en el fondo
de las redes. Golazo. Fue el gol que todo soñamos hacer. Los relatores gritaban
a boca llena. Al final, el Ciclón ganó con lo justo ante un rival como el
Volante (Bambamarca) que vendió cara su derrota. “Fue un lindo gol. Muy
parecido al que le hice a Hungaritos, en 1988. Casi con los mismos actores,
pero con otro guion. Este fue muy emotivo y especial porque logramos regresar a
la élite profesional”, contó el exatacante Camilo Cienfuegos.
Recuerda: “Esa tarde se habilitaron las tribunas principales.
Había mucha expectativa. La gente estaba a muerte con el equipo. Nos jugábamos
la vida. En el partido de ida habíamos empatados a cero. Fue un partido duro
que terminó con la expulsión de Iván Chávez. No había arquero para el partido
de vuelta. El profe Catalá no le quedó otra que improvisar a un compañero
(Carranza). Y no lo hizo nada mal. Estuvo atento y cumplió con las directivas.
Recuerdo que, en una jugada, por el sector izquierdo, contra el aire, se
juntaron el ‘Chivito’ Deza con Cosmopolis y se la dan al ‘Tojo’ Muro, este muy
inteligente me la puso cerca del área grande, sale el defensa y lo amago hacia
mi mejor perfil y remato fuerte, chocó en el horizontal y, al bajar se coló
adentro. Corrí y grité como loco hasta saltar la malla. Por la concepción de la
jugada, fue un hermoso gol. La hinchada salió feliz y con el ego por las
nubes”.
Sin embargo, no solo conoció los momentos felices, sino que
también supo lo que no es tener un mango en el bolsillo. Creció en un sector
humilde de José Olaya. Las calles y los postes eran testigos de sus
interminables gestas deportivas. Jugaba descalzo. No había para las zapatillas.
De niño se trepaba las paredes del estadio para ver a sus ídolos. Echeandía le
llenaba los ojos; También, Cosmopolis y Jauregui, aunque tiempo después jugó
con ellos. Siempre fue goleador. Las metía todas. Jugó Tercera, Segunda y
Primera en la liga local. Su primer equipo fue el José Olaya, nombre de su
barrio. “Una vez me vio jugar el tío Carlos Perleche y me llevó al Aurich. Fue
en el 1987. Ese día no pude dormir tranquilo. Me sentía el hombre más feliz del
mundo. Jugar en el equipo más grande del norte, era un orgullo”, acotó.
Con la camiseta roja estuvo tres temporadas (1987-88- 90). En
la primera, le costó adaptarse al primer equipo; luego se afianzó a punto de
goles. Jugó con José Navarro (Exmundialista), César Sono, Juan Azalde, Ronald
Tello, Alex Brousett, Francisco Cassiano, Adrián Torres, etcétera. Jugaba por
todos los frentes. Su velocidad era bien aprovechada para cerrar las subidas de
los laterales. Pero cuando lo lanzaban el balón a las espaldas de los
centrales, aparecía como un rayo y no lo paraban. Fue dirigido por Mario
Catalá, ‘Chito’ La Torre y hasta en una oportunidad por el ‘Cholo’ Sotil.
“Siempre te dejan algo, por su experiencia de jugador”. ¿Y los clásicos con el
Cañaña?, le pregunto. Eran bravazos. Con decirte que siempre tenía encima al
‘Caballo’ Deza y Paúl Medina, parecían gladiadores, contestó. Recuerda que jugó
dos clásicos, pero con un saldo en contra. Perdió uno y empató el otro.
En el 1991, cuando pensaba que se iba quedar en el Ciclón,
sucedió lo impensable. Fue como un guantazo en la cara. Trajeron a los
capitalinos y lo dejaron de lado. Tuvo que buscar otros horizontes y, se fue a
jugar a la Selva. Luego, estuvo en AJEC y Cachorro, ambos de Motupe. Este
último, en 1995, fue subcampeón Regional, perdió la final ante Boys (Tumán) en
penales. Y, terminó en el Vista Alegre de Oyotún. “Soy consciente que pude dar
más, me faltó un guía a mi lado. No obstante, me fui satisfecho, porque di
todo: entrega y sacrificio”, remarcó. Además, tuvo calor de carpeta porque pasó
por la universidad, es docente de Educación Física. También, es formador de
menores. “Porque el deporte es fundamental en el desarrollo integral de los
niños. No solo es crear deportistas sino formar mejores seres humanos”, agregó.
Es ejemplo de superación, según él, la pelota debe ir de la mano con un libro.
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