lunes, 24 de febrero de 2025

LA TARDE FELIZ DE CIENFUEGOS-entrevista

 

LA TARDE FELIZ DE CIENFUEGOS

 

Por: Pocho Chávez

 

La noche ha caído con su manto negro. A penas unas cuántas estrellitas parpadean el cielo nocturno. Repaso su historial y me sorprende, sobre todo, su paso por el Aurich. A fines de los 80 y principios de los 90 su nombre era bien sonado en el mapa futbolístico lambayecano. Era veloz que, cuando picaba, parecía una gacela. Tenía una melena parecida a los rockeros de antaño. Dialogar con él es un agasajo. Literalmente le entra de todo.  Fue protagonista de un triunfo dominical una tarde de verano en el estadio Elías Aguirre, en 1990. Y que sirvió para conseguir el ansiado ascenso. Sacó un brutal derechazo que terminó en el fondo de las redes. Golazo. Fue el gol que todo soñamos hacer. Los relatores gritaban a boca llena. Al final, el Ciclón ganó con lo justo ante un rival como el Volante (Bambamarca) que vendió cara su derrota. “Fue un lindo gol. Muy parecido al que le hice a Hungaritos, en 1988. Casi con los mismos actores, pero con otro guion. Este fue muy emotivo y especial porque logramos regresar a la élite profesional”, contó el exatacante Camilo Cienfuegos.

 

Recuerda: “Esa tarde se habilitaron las tribunas principales. Había mucha expectativa. La gente estaba a muerte con el equipo. Nos jugábamos la vida. En el partido de ida habíamos empatados a cero. Fue un partido duro que terminó con la expulsión de Iván Chávez. No había arquero para el partido de vuelta. El profe Catalá no le quedó otra que improvisar a un compañero (Carranza). Y no lo hizo nada mal. Estuvo atento y cumplió con las directivas. Recuerdo que, en una jugada, por el sector izquierdo, contra el aire, se juntaron el ‘Chivito’ Deza con Cosmopolis y se la dan al ‘Tojo’ Muro, este muy inteligente me la puso cerca del área grande, sale el defensa y lo amago hacia mi mejor perfil y remato fuerte, chocó en el horizontal y, al bajar se coló adentro. Corrí y grité como loco hasta saltar la malla. Por la concepción de la jugada, fue un hermoso gol. La hinchada salió feliz y con el ego por las nubes”.

 

Sin embargo, no solo conoció los momentos felices, sino que también supo lo que no es tener un mango en el bolsillo. Creció en un sector humilde de José Olaya. Las calles y los postes eran testigos de sus interminables gestas deportivas. Jugaba descalzo. No había para las zapatillas. De niño se trepaba las paredes del estadio para ver a sus ídolos. Echeandía le llenaba los ojos; También, Cosmopolis y Jauregui, aunque tiempo después jugó con ellos. Siempre fue goleador. Las metía todas. Jugó Tercera, Segunda y Primera en la liga local. Su primer equipo fue el José Olaya, nombre de su barrio. “Una vez me vio jugar el tío Carlos Perleche y me llevó al Aurich. Fue en el 1987. Ese día no pude dormir tranquilo. Me sentía el hombre más feliz del mundo. Jugar en el equipo más grande del norte, era un orgullo”, acotó.

 

Con la camiseta roja estuvo tres temporadas (1987-88- 90). En la primera, le costó adaptarse al primer equipo; luego se afianzó a punto de goles. Jugó con José Navarro (Exmundialista), César Sono, Juan Azalde, Ronald Tello, Alex Brousett, Francisco Cassiano, Adrián Torres, etcétera. Jugaba por todos los frentes. Su velocidad era bien aprovechada para cerrar las subidas de los laterales. Pero cuando lo lanzaban el balón a las espaldas de los centrales, aparecía como un rayo y no lo paraban. Fue dirigido por Mario Catalá, ‘Chito’ La Torre y hasta en una oportunidad por el ‘Cholo’ Sotil. “Siempre te dejan algo, por su experiencia de jugador”. ¿Y los clásicos con el Cañaña?, le pregunto. Eran bravazos. Con decirte que siempre tenía encima al ‘Caballo’ Deza y Paúl Medina, parecían gladiadores, contestó. Recuerda que jugó dos clásicos, pero con un saldo en contra. Perdió uno y empató el otro.

 

En el 1991, cuando pensaba que se iba quedar en el Ciclón, sucedió lo impensable. Fue como un guantazo en la cara. Trajeron a los capitalinos y lo dejaron de lado. Tuvo que buscar otros horizontes y, se fue a jugar a la Selva. Luego, estuvo en AJEC y Cachorro, ambos de Motupe. Este último, en 1995, fue subcampeón Regional, perdió la final ante Boys (Tumán) en penales. Y, terminó en el Vista Alegre de Oyotún. “Soy consciente que pude dar más, me faltó un guía a mi lado. No obstante, me fui satisfecho, porque di todo: entrega y sacrificio”, remarcó. Además, tuvo calor de carpeta porque pasó por la universidad, es docente de Educación Física. También, es formador de menores. “Porque el deporte es fundamental en el desarrollo integral de los niños. No solo es crear deportistas sino formar mejores seres humanos”, agregó. Es ejemplo de superación, según él, la pelota debe ir de la mano con un libro.

 

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