lunes, 24 de febrero de 2025

Marque Usted la Diferencia entre Ambas Tomas

 Marque Usted la Diferencia entre Ambas Tomas

La primera toma me transporta a aquella competencia de atletismo que tuvo lugar en el Fuerte 5 de Julio, 9ª División Blindada, en Tumbes-Corrales. Fue un momento que se remonta a los primeros días de julio, cuando llevábamos tres meses en el fuerte. En ese escenario, compartí pista con Maximiliano Yamunaque Oliva, un compañero de la Batería Alfa, quien sobresalía por su destreza en las pruebas de resistencia. Maximiliano era un verdadero todoterreno, un guerrero de la pista natural de Tumán.

Esa competencia fue una de esas memorias que quedan grabadas en la piel. Maximiliano se alzó con la victoria en la prueba de resistencia, mientras que yo, con la adrenalina corriendo por mis venas, conseguí el primer lugar en los 100 metros planos. Ambos éramos conscientes de que esa era una batalla más que solo física, era la manifestación de la constancia, la disciplina y las horas de entrenamiento que nos habían forjado.

De niño, siempre me sentí más libre corriendo descalzo, y en el ejército, esa sensación no cambió. Mis pies, desnudos contra la tierra, se sentían parte de la pista. La tierra, que en su simpleza era rugosa y firme, me ofrecía el agarre perfecto para mis zancadas. Las uñas de mis pies, como garras de un animal de instinto, se hundían en el suelo, dándome la fuerza necesaria para avanzar, como si la tierra misma me empujara hacia la meta. Era una conexión visceral con el terreno, una danza entre mis pies y la pista que me llevaba siempre hacia adelante.

El trajinar de la vida, con sus retos y su constante cambio, nos deja lecciones valiosas. En cualquier escenario, ya sea en el ámbito militar o en cualquier parte del mundo, siempre hay algo que aprender, algo que queda grabado en la memoria y el corazón.

Hoy, muchos años después, sigo en contacto con Maximiliano Yamunaque Oliva, mi hermano de armas, compañero del Fuerte 5 de Julio. Ambos continuamos caminando en diferentes caminos, pero siempre con la certeza de que la amistad forjada en la adversidad no se desvanece. Que Dios nos conceda salud y fortaleza para celebrar algún día nuestro primer reencuentro de ex Licenciados del Glorioso Ejército Peruano, un encuentro que, como las viejas batallas, quedará en la memoria de ambos.

Así, entre el polvo de la pista y el sudor en la frente, seguimos corriendo, siempre adelante.

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